1. Me jubilo. ¿Y ahora qué?

A lo largo de la vida, las etapas o ciclos vitales se abren y se cierran con el paso de los años. Durante la infancia se descubren las pequeñas cosas de la vida, se desarrolla el cerebro, se descubre el cuerpo. En la adolescencia existe una irreverencia hacia los progenitores, se descubre el primer amor con sus hormigueos y nervios; además, el cuerpo humano está en pleno rendimiento. Estudiar, hacer deporte y soñar con utopías forman parte de esta etapa, que se añora con nostalgia con el paso del tiempo. Poco a poco nos vamos adentrando en las etapas adultas, conocemos a personas nuevas, nuevos amores con los que ir compartiendo vida, se decide el plan de futuro y, sin darnos cuenta, nos vamos formando como seres humanos: trabajo, hijos, familia proyecciones futuras, responsabilidades.

Poco a poco, y durante todo este proceso, las etapas se abren y se cierran, hasta que llega esa edad en la que te comunican que no puedes seguir, que debes jubilarte; es aquí cuando la mayoría de las personas se preguntan: ¿y ahora qué? La respuesta es: ahora toca seguir viviendo, seguir manteniendo las aficiones y potenciar los hobbies, seguir disfrutando de tus seres queridos, viviendo, amando y soñando; precisamente como en la primera de todas las etapas que nos tocó vivir: la infancia, en la que no había mañana porque todo era hoy, ahora.

  1. ¿Cómo relleno mi tiempo?

Conviene tomarse el proceso con calma y con cierto relax. Ponerse cómodo y pensar en todas aquellas aficiones, retos o hobbies que no pudimos hacer durante nuestra vida laboral, precisamente por estar ocupados trabajando. Es necesario plantearse cuáles son los retos que nos tocan vivir y marcarse objetivos a cumplir por mes, objetivos a corto, medio o largo plazo. Viajar, dibujar, escribir, o pasar largas temporadas en otras ciudades o pueblos diferentes al de la residencia habitual pueden ser buenos motivos para ir rellenando el tiempo libre.

También es conveniente informarse de asociaciones en las se pueden realizar actividades de nuestro interés y agrado. Actualmente existen multitud de asociaciones de personas jubiladas de todo tipo, desde los típicos centros municipales de mayores hasta entidades de carácter asociativo. Si se ha tenido una profesión liberal, los grupos de trabajo de personas jubiladas de los colegios profesionales pueden ser una buena opción en la que poder trabajar rellenando nuestro tiempo, nuestra vida, y planificando adecuadamente nuestro futuro.

  1. ¿Cómo me adapto a los nuevos roles familiares?

A la hora prepararnos para la jubilación, debemos establecer un serie de objetivos, metas y prioridades, que deberán de ser consideradas antes de que finalice la actividad laboral. Estos objetivos han de plantearse a corto, medio y largo plazo. Conviene realizar una lista de cosas que deseamos hacer, como, por ejemplo, tomarnos unas merecidas vacaciones o pasar más tiempo con nuestros hijos o nietos. En la lista de objetivos intermedios podría figurar comprometernos a ayudar en proyectos sociales o voluntariado que estén de acuerdo con nuestra historia vital; en líneas generales, todas aquellas cosas con las que podemos disfrutar y seguir sintiéndonos útiles.

  1. ¿Por qué se enfada mi pareja?

«Quizá pensaba que, al tener más tiempo para poder compartir con mi pareja, la relación iba a mejorar, pero a menudo este mayor tiempo implica que discutamos con más frecuencia. A veces estoy aburrido en casa y, cuando vuelve después de quedar con unas amigas, le pregunto qué tal le ha ido o qué ha hecho, y no entiendo por qué me da respuestas vagas, o dice sentirse fiscalizada. Además, creo que a veces pretende que haga muchas cosas, que esté muy activo, pero no entiende que no necesito hacer cosas que no me apetecen».

Estas son percepciones muy frecuentes en las parejas de las personas que se jubilan. La situación de jubilación, a menudo, implica importantes pérdidas, de las que la persona que las sufre no suele ser consciente, pero que empeoran su estado de ánimo, de manera que puede actuar y/o sentirse más desanimada o negativa y comunicarse de una manera más brusca con su pareja, pero sin ser consciente de ello.

Por eso, aunque se perciba que es la pareja la que ha cambiado, es posible que lo único que se esté haciendo es reaccionar en proporción directa a nuestra actitud, que es la que, sin que seamos conscientes, ha cambiado, en respuesta a nuestro estado de ánimo.

  1. ¿Aumenta la probabilidad de divorcio?

En los últimos años ha aumentado significativamente el número de divorcios que se producen durante la jubilación. Algunos de los factores que pueden provocar tensiones en pareja los hemos mencionado anteriormente.

Pero también ocurre que, en ocasiones, la jubilación implica que la persona siente que ha perdido parte de su identidad, que ya no es útil para el mundo o que experimente una sensación de vacío, añadida a nuevas circunstancias que se han de afrontar, como una posible reducción de ingresos o la percepción de pérdida de estatus social o de una importante parte de las relaciones sociales que se mantenían.

Por ello, es importante que la jubilación se prepare anticipadamente, tratando de investigar nuevos intereses u ocupaciones que consigan mantener un buen estado de ánimo.

De no hacerse, es posible que dichas sensaciones de «pérdida» acaben por facilitar que comience a sentirse menos ánimo, menos ganas de estar ocupado o activo, o con una visión más negativa del mundo, de manera que situaciones menores de pareja sean evaluadas como más negativas y se tienda a discutir por cuestiones de poca importancia. Esto provoca que los enfrentamientos puedan ser cada vez más frecuentes y de mayor importancia, lo que facilita que empiece a considerarse la posibilidad de un divorcio.

  1. ¿Cómo podría mejorar mi relación de pareja?

El afrontamiento de la jubilación puede afectar emocionalmente de una manera importante a la persona, así como a nuestra actitud, comunicación y percepción de nuestra relación de pareja, lo que hace que puedan aumentar las discusiones y los momentos de tensión.

Por ello, es conveniente que se afronte la jubilación de uno de los miembros como algo que deben afrontar los dos, como un equipo. De esta manera, los esfuerzos que una de las partes desarrolle para afrontar la nueva situación de manera conjunta se verán apreciados por la otra como una muestra de apoyo, y contribuirán a tener la sensación de «sentirse comprendido y aceptado».

De este modo podemos evitar que compartir mucho más tiempo en común pueda acabar provocando un aumento en la frecuencia y/o intensidad de las discusiones.

  1. Mis nietos me ocupan casi todo el día. ¿Esto es bueno?

La realidad es dura para los abuelos y para los padres. Según datos un estudio titulado «Doble dependencia: abuelos que cuidan a sus nietos», uno de cada cuatro abuelos en España cuida de sus nietos.

Para poder analizar si el cuidado de los nietos es positivo o negativo para los abuelos, este ha de ser voluntario y no forzoso, pero lamentablemente, con el panorama actual esta labor es en muchos casos obligatoria, lo que crea sentimientos contradictorios en los mismos. También suele ser una fuente de conflicto, al emitir patrones de educación diferentes entre los abuelos y los padres.

Por todo ello, y como consejo, se recomienda que, en el caso de tener que cuidar a los nietos, sean los abuelos los que marquen las reglas de la relación, los que pongan los límites al cuidado y los horarios establecidos en el mismo, dejando claro que pueden ayudar, pero que no hay que suponer que es una obligación moral. Además, si en algún momento tienen un plan mejor, este no será cancelado por la obligación de los cuidados.

  1. ¿Cuáles son los cambios y las ventajas o desventajas de la jubilación?

La jubilación, como cualquier otra etapa de la vida, tiene sus pros y sus contras; de hecho, hay autores que consideran que, tras la jubilación, al perder el rol de trabajador, la autoestima de la persona se puede ver reducida, pero también hay otros que afirman que la jubilación aumenta el autoconcepto y de uno mismo al encontrarse con tiempo libre y seguridad económica para afrontar la nueva etapa vital. Podría considerarse que la jubilación no solo produce cambios en la persona, sino que hay factores, como la capacidad económica, las relaciones sociales, etc., así como las expectativas de vida, percepción de la etapa de la jubilación, etc., que influyen en la percepción de la propia jubilación y en las personas que rodean al jubilado. Algunos de estos cambios son los siguientes:

  • Cambios en los ingresos, disminuyendo en relación con la etapa laboral, y que exige una reestructuración de los gastos.
  • Cambios en las relaciones sociales que podían estar establecidas fundamentalmente con compañeros de trabajo.
  • Cambios en el estatus social, relacionado con la asociación establecida con la vejez, los estereotipos y cargas de desvalorización social
  • Aumento del tiempo libre, exigiendo una reestructuración del mismo.
  1. ¿Existen factores predictores de la adaptación a la jubilación?

Existen factores y perfiles que pueden predecir de manera significativa cómo se llevará la adaptación a la jubilación. Algunos de los factores clave son los siguientes:

  • La vida de pareja: el matrimonio puede ser positivo en el momento de la jubilación, ya que es una etapa en la que se puede disfrutar el tiempo con la pareja. Pero también se puede vivir de manera negativa, por problemas de salud de la pareja, problemas económicos o asincronía entre los miembros de la pareja.
  • Ser cuidador de personas dependientes: es una etapa en la que los seres queridos pueden llegar a sufrir situaciones de dependencia y toque cuidar; este es un factor importantísimo, clave y vital para tener un buena o mala adaptación a la jubilación.
  • Apoyo social: las personas que tienen un mayor apoyo social tendrán una mejor adaptación a la jubilación.
  • Ingresos económicos: un mejor estatus económico permite un mejor ajuste a la nueva situación.
  • Estado de salud general: el estado de salud del jubilado depende principalmente de su estilo de vida y del cuidado de la salud antes de la jubilación.
  • Planificación: una planificación de la jubilación permitirá un mejor ajuste a la misma.
  • Nivel educativo: a mayor nivel educativo, mejor ajuste.

Todo esto da lugar a la posible aparición de cinco perfiles de jubilados:

✓El maduro: tiene una actitud constructiva y disfruta con la experiencia de la jubilación.

✓El pasivo o «casero»: disfruta de su jubilación como momento para descansar.

✓El defensivo-activo o blindado: planifica un sinfín de actividades para no sentir la ansiedad que le provoca la inactividad laboral

✓El colérico: no se adapta a la jubilación, está descontento, hostil y se siente frustrado.

✓El autoagresivo o autofóbico: no se adapta y se culpa de sus frustraciones

  1. ¿El jubilado experimenta distintas fases o etapas en su jubilación?

Se podría decir que el periodo de jubilación tiene varias fases. Moragas, en 1991, estableció que la jubilación consta de dos momentos principales: el antes y el después de la jubilación. En la fase anterior al momento de la jubilación, el trabajador va tomando decisiones acerca de cómo espera que sea el proceso de su jubilación, planteándose distintas alternativas. La fase posterior sería aquella en la que la persona acepta su rol de jubilado. Investigaciones recientes establecen cinco etapas en ese antes y después de la jubilación:

  • Prejubilación: cuando el trabajador imagina cómo será su vida de jubilado mientras continúa en activo.
  • Jubilación: se inicia una vez se ha formalizado el retiro y puede experimentarse de tres maneras posibles: euforia y liberación asociada al abandono de las obligaciones laborales —luna de miel—, continuidad con las actividades de ocio previas a las que se les dedica más tiempo, relax y descanso asociado al abandono de las obligaciones laborales.
  • Desencanto: cuando el jubilado descubre que el día a día no se corresponde con lo que había pensado o soñado.
  • Reorientación: es el momento de planificar de manera más realista el periodo de jubilación, adaptándose a la nueva realidad, económica y social.
  • Estabilidad: el momento en que el rol de jubilado es coherente con la persona y se crea una rutina estable y en consonancia con las actividades y emociones de la persona.

Texto: José González Fernández e Iván Eguzquiza Solís